Qué hacer ante las preguntas embarazosas de los niños
11 Enero 2012¿Quién no ha estado alguna vez en el aprieto de tener que contestar una pregunta incómoda de un niño? Descubre qué hacer ante las preguntas embarazosas de los niños y salir airoso.
Si estamos en contacto con niños, tarde o temprano nos veremos enfrentados a las tan temidas preguntas embarazosas, por eso es conveniente que nos vayamos preparando psicológicamente para que esos momentos no nos tomen desprevenidos y podamos dar alguna respuesta que al menos los contente hasta la próxima pregunta fatídica.
Son muchos los temas ante los cuales los niños sienten curiosidad, en realidad, todos. No nos olvidemos que recién están conociendo el mundo y necesitan saber. Por ello debemos tomar con naturalidad todas sus preguntas, pues no las hacen por alguna clase de secreta satisfacción por vernos sudar ante su inquisitiva, sino que son genuinas inquietudes y de nuestra respuesta, dependerá su futuro desarrollo cognitivo.
Consejos para saber qué hacer ante las preguntas embarazosas
Puede parecernos tonto, pero es muy importante que respondamos a cualquier pregunta que se nos formule y que lo hagamos lo mejor posible. Aquí no valen las excusas, no podemos pensar que si respondemos cualquier cosa a una pregunta incómoda, luego lo compensaremos con una buena respuesta ante una pregunta que no nos ponga mal. Esto no es así, cada pregunta cuenta.
De las respuestas que demos, dependerá la forma en que el niño estructure su razonamiento, por eso una respuesta tonta sólo hará fallar el método de razonamiento del niño. Tal vez nos parezca poco importante, pero es la base de la estructura de pensamiento que tendrá toda su vida, así que no es poca cosa.
Es importante que demos respuestas claras, sencillas y que nos aseguremos de que fuimos comprendidos. Debemos dirigirnos a ellos con naturalidad, cariño y con la mejor disposición, porque siempre conducirán a una cadena interminable de otras preguntas.
Por eso es importante que a la hora de responder esas tan temidas preguntas, primero nos preguntemos a nosotros mismos, qué necesitamos saber sobre ese tema y si estamos en condiciones de contestar. Nunca debemos temer decir a nuestro hijo u otro niño: “No sé”. Por el contrario de lo que podemos creer, no nos restará autoridad ni méritos, sino que demostrará al niño que somos personas como él, que tenemos virtudes y defectos y que los manejamos lo mejor posible.
No saber la respuesta puede ser la excusa para acercarnos más a nuestro hijo, ya que nos brinda la oportunidad de buscar la respuesta juntos y de intercambiar opiniones y experiencias. Podemos transformar esa pregunta incómoda en toda una aventura del conocimiento.
Es muy importante que demos el mismo tratamiento a todas las preguntas, tanto las rutinarias como las incómodas o aquellas que por su naturaleza, puedan ser nuestras favoritas, pues nos permiten desplegar nuestros conocimientos o hablar sobre temas que nos apasionan. Esto no significa que no debamos transmitirles nuestro amor por ciertos temas, sino que no debemos discriminar las preguntas, para el niño son todas importantes.
Cuando las preguntas sean sobre sexo, es conveniente que contemos con material gráfico acorde a su edad para mostrarles, de modo que las respuestas sean comprendidas correctamente. También es importante que no juzguemos a los niños por sus actitudes frente a estos temas, como ya dijimos, ellos necesitan saber. Pero mucho cuidado, cuando de sexo se trata, al igual que con cualquier tema, no demos más información que la que el niño está dispuesto a recibir. Si notamos que la información lo pone ansioso o incómodo, es momento de detenernos. Esto corre para cualquier tema, sobre todo, aquellos que nos fascinan, nunca debemos aburrirlos con discursos interminables por más que nos guste un tema.
Para terminar, las palabras que usemos, siempre deben ser correctas y sencillas. En el caso de las preguntas sobre sexo, nunca nos equivocaremos si utilizamos los nombres correctos de las partes del cuerpo o sus funciones. Teniendo esto en mente, podremos enfrentarnos ahora a las tan temidas preguntas con un poco más de confianza. Y una advertencia final, el haber contestado apropiadamente una pregunta incómoda, no inmuniza contra futuras re-preguntas.


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