Miedos infantiles

Los miedos infantiles en la evolución del niño

20 Marzo 2009

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El miedo es una conducta adaptativa normal, destinada a enfrentar estímulos que resultan amenazadores o peligrosos, constituyendo una respuesta de supervivencia. Su manifestación se da a tres niveles:

- expresiones conductuales visibles
- sentimientos y pensamientos subjetivos
- cambios fisiológicos.

Los miedos infantiles aparecen a lo largo del desarrollo del niño en diferentes momentos, y son de diversos tipos. Estos miedos por lo general son pasajeros, como el miedo a la separación, a los extraños, a la oscuridad, a la escuela, etc.

Estos sentimientos permiten que el niño se enfrente de manera adecuada a situaciones difíciles y amenazantes de su crecimiento. O sea, el miedo protege al niño de posibles daños. Son parte de las reacciones emocionales naturales del desarrollo.

La diversidad de los miedos infantiles:

Las estrategias conductuales en respuesta a los miedos son de varios tipos, tanto sea para animales como para humanos: desde la inmovilidad total, hasta los ataques de pánico, con huida de la fuente de peligro. Conjuntamente se manifiestan sensaciones desagradables, más o menos intensas: urgencia por escapar, alteraciones de la percepción espacio-temporal, desconcentración, pensamientos irreales, etc.

Hay también manifestaciones fisiológicas típicas de los miedos infantiles:

- aceleración del ritmo cardíaco
- sudoración excesiva
- tensión muscular
- sequedad bucal y de garganta
- náuseas
- deseos de orinar y defecar
- dificultades respiratorias
- temblores
- dilatación de pupilas
- erizamiento del cabello
- aumento de la presión arterial

Estas manifestaciones se acompañan por cambios bioquímicos, como la secreción de adrenalina, por parte de las glándulas adrenales y la de noradrenalina, que se da en las terminales nerviosas periféricas. También se presenta un crecimiento del contenido de ácidos grasos libres y de corticoesteroides en plasma.

Cuando el miedo se prolonga en el tiempo, provoca insomnio, fatiga, pesadillas, pérdida del apetito, agresividad, sobresaltos, conductas de evitación.

Durante los primeros meses de vida, el bebé no muestra conductas temerosas, pero sí responde con llanto y gritos, cuando siente hambre, dolor, frío, o cuando recibe estímulos violentos (ruidos fuertes, pérdida de apoyo, etc).

A partir de los 8 meses, el niño es capaz de mostrar miedo ante las personas desconocidas, pues ya es capaz de reconocer y diferenciar los estímulos familiares de los extraños. Es aquí que aparece la angustia del octavo mes.

Cuando comienza a caminar, su respuesta de miedo se manifiesta conductas de evitación, huyendo de los estímulos y acercándose a su madre.

Los miedos infantiles aumentan durante los dos primeros años, ya que el niño comienza a explorar su entorno, lo que resulta potencialmente peligroso. Cuando desarrolla el habla y mejora la comunicación, cambia la naturaleza de los miedos, pasando del miedo a daños físicos, a los miedos sociales.

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