La importancia del juego
15 Diciembre 2009
El niño aprende a conocer el mundo a través del juego. Mediante esta actividad, puede explorar, conocer, hacer sus propias hipótesis, plantearse situaciones y resolverlas.
El juego resulta pues, una actividad insustituible en el aprendizaje del niño y una constante experiencia de creación. Para que pueda desarrollar esta actividad básica, necesita de un ambiente seguro y confiable, donde pueda abocarse al uso de los sentidos y desarrollar las funciones más complejas, como sentir, percibir, pensar, intuir.
Jugando, los niños construyen un espacio y un tiempo especial en el que no tienen limitaciones y todo es posible. Mediante el juego, recrean el mundo de los mayores y lo analizan. Esta es la base del aprendizaje por imitación. El niño reconstruye situaciones de su vida cotidiana en el juego y trata de resolverlas empleando su ingenio para ello.
Además, el juego permite construir la personalidad, encontrándose con los deseos, intereses, afectos y el placer de jugar. Esta actividad, puede desarrollarla el niño, aún antes de haber adquirido el lenguaje, y resulta fundamental en la adquisición del mismo, ya que mediante los juegos, se fijan las palabras y se abre la comunicación.
Suele pensarse que jugar es una manera improductiva de pasar el tiempo, pero es mucho más, es una manera de crecer y aprender.
Las primeras nociones del mundo exterior que el niño tiene, le vienen a través de los sentidos, una de las formas en que el niño conoce el mundo es a través del gusto, poniéndose los objetos en la boca y experimentando su sabor, por eso, cuando el niño juega a chupar los objetos, también está aprendiendo. Otros sentidos que intervienen son el tacto, golpeando y arrojando objetos, buscándolos, escondiéndolos, sacando y poniendo cosas de su sitio. Estas son maneras de desplegar sus habilidades.
El juego es un arma fundamental en el conocimiento del propio cuerpo y de sus limitaciones y posibilidades.
El juego cambia a medida que el niño crece y se desarrolla tanto física, psíquica como emocionalmente. Los primeros juegos son funcionales, o sea, experimentación de su propio cuerpo. Es cuando el bebé repite una y otra vez cada actividad o movimiento para prolongar el placer obtenido. Esto le va dando seguridad en sus movimientos. Cuando aparece el lenguaje, realiza estas mismas rutinas con las palabras y los sonidos. En principio lo hará por el placer de hacer sonidos, pero luego irá desarrollando las habilidades lingüísticas. Los juegos se complejizarán con el paso del tiempo, hasta llegar a dramatizaciones de la vida, e incluso, mediante el juego, puede revelar situaciones conflictivas y tratar de solucionarlas.

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