La alimentación de niños durante el primer año

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El primer año de vida es el más importante para el desarrollo saludable del bebé, para esto es fundamental su nutrición.

La alimentación durante el primer año deba ser adecuada y suficiente, para satisfacer las necesidades nutricionales, fomentar los buenos hábitos alimenticios y prevenir situaciones patológicas. Los organismos internacionales pautan las normas de alimentación de niños.

En el periodo de lactancia, la alimentación se hace exclusivamente con leche materna, o fórmula preparada (en caso de ausencia de leche materna). El aparato digestivo no está completamente formado, por lo que no es capaz de digerir ciertas proteínas, tampoco sus riñones están aptos para soportar cargas osmolares abundantes (líquidos con altas concentraciones de partículas, sales minerales, glucosa, etc).

La alimentación de niños y el periodo de maduración digestiva:

Es necesario realizar un periodo de transición entre la lactancia y la alimentación de niños con sólidos.

A partir del cuarto mes de vida, comienzas a introducirse alimentos no lácteos con cautela, los que se preparan de manera adecuada en consistencia y cantidad, de forma de no alterar el ritmo de maduración digestiva y renal, y fomentar el desarrollo neuromuscular. También es necesario desarrollar los sentidos para que el bebé pase de la succión a la comida con cuchara.

La alimentación debe adaptarse a la capacidad digestiva y a la etapa de desarrollo fisiológico y neuromotor, introduciendo paulatinamente los alimentos.
La capacidad gástrica del bebé aumenta durante el primer año de 10-20ml hasta 200ml. Esto permite que el bebé tenga comidas más espaciadas y abundantes.

Durante los primeros seis meses, el bebé debe alimentarse exclusivamente con leche materna, ya que ésta se adapta a sus necesidades y a su capacidad digestiva. Luego se va introduciendo la alimentación complementaria.

A medida que las funciones digestivas van evolucionando, se deben incluir una nueva alimentación de niños. No se recomienda incluir nuevos alimentos antes de los tres meses, pero tampoco es aconsejable esperar hasta después de los seis meses, ya que a partir de este momento, la leche materna no es suficiente para cubrir los nuevos requerimientos del bebé.

La complementación de la alimentación se hace sustituyendo una de las tomas diarias de leche, por una papilla de fruta, verdura o cereales, de forma paulatina. Siempre probando la tolerancia de uno de los alimentos, antes de introducir uno nuevo.

Entre los 4-6 meses, se introducen las frutas y los cereales en la alimentación de niños.

Se comienza por una papilla de frutas, por su aporte vitamínico, como complemento de una toma de leche, no en sustitución de la misma. Pueden utilizarse frutas variadas, pero es preferible comenzar con una fruta por vez, para asegurarnos de su tolerancia, y en caso de alergias u otro problema, será más simple identificar la causa.

Es aconsejable evitar las frutas más alergénicas como las naranjas, fresas, melocotones, etc. se preferirán la manzana, la pera, la ciruela. La papilla se brinda natural, sin agregados de azúcar, galletas u otro elemento.

Los cereales se introducen preferentemente luego de la fruta, y nunca antes de los cuatro meses. En primer lugar le daremos cereales sin gluten, para evitar intolerancias. El arroz y el maíz no contienen gluten, pero sí lo contienen la avena, el trigo, el centeno y la cebada. A partir del 7-8 mes, se pueden mezclar.

Los cereales aportan energía, proteínas, minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales e hidratos de carbono de absorción lenta. Por ser un alimento calórico existe el riesgo de sobrealimentación. Para la preparación de las papillas se emplea la cantidad de leche habitual y se agrega el cereal necesario.

Las verduras se introducen a partir de los 6 meses, por su aporte de sales minerales. Al comienzo puede administrarse en un caldo, que se añade al biberón del mediodía. Cuando se haya dado el acostumbramiento, se pasará a eliminar este biberón.

Es preferible evitar las verduras con alto contenido de nitritos al principio, como las remolachas, espinacas, acelgas, nabos. Las más indicadas son las judías verdes, el calabacín, la patata, etc. También podemos añadir una cucharadita de aceite de oliva a la papilla, pero no sal.

Las verduras se deben cocinar en poco agua para perder menos nutrientes y aprovechar el agua para preparar el puré. Las verduras deben cocinarse inmediatamente antes de dárselas al bebé, para evitar trastornos por el recalentamiento o la conservación en la nevera.

Las carnes se incorporan luego de los seis meses a la alimentación de niños y en porciones pequeñas. Comenzaremos con las carnes menos grasas, como el pollo y en una cantidad de 10-15grs diarios, aumentando 10-15grs por mes, hasta un máximo de 40-50grs. que se licúa y mezcla con las verduras. Posteriormente se incorporarán la ternera y el cordero, con aportes de alto valor proteico y de lípidos, hierro, zinc, vitaminas. No deben darse vísceras pues no tienen ventajas nutricionales pero sí exceso de colesterol y grasas saturadas, además de los riesgos sanitarios.

Los pescados pueden introducirse recién a partir de los 9 meses, por su alto poder alergénico. En caso de que el bebé posea antecedentes familiares, deberá esperarse hasta después del año. Es preferible comenzar por pescados blancos.

Sobre el noveno mes pueden introducirse la yema de huevo cocida. Para comenzar un cuarto de yema, y a la semana siguiente la mitad, para completar la yema al mes. Se mezcla con el puré del mediodía. Alrededor del año, se puede pasar a incluir el huevo entero en la comida, y el consumo se limita a 2-3 unidades semanales.

La yema es fuente de grasas, vitamina A,D, hierro, ácidos grasos esenciales. La clara aporta proteínas de alto valor y una gran cantidad de ovoalbúmina, la cuál es altamente alergénica.

Las legumbres pueden añadirse al puré a partir de los 18 meses. En caso de mezclarlas con arroz u otros cereales, sustituyen a la carne. La frecuencia apropiada es de dos veces por semana.

A partir del octavo mes se puede ofrecer yogur natural sin azúcar, como complemento o mezclado con la papilla de frutas.


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