Importancia de la leche materna
6 Junio 2009
La leche materna se produce a lo largo de los nueve meses de gestación. Los pechos de la mujer comienzan a prepararse para la lactancia desde el momento de la concepción.
La placenta y los ovarios secretan estrógenos y progesterona que estimulan las glándulas mamarias para que produzcan el calostro (sustancia posterior al parto, que aparece antes que la leche, durante los primeros cuatro días).
La leche es segregada por grupos de glándulas que se conectan con los pezones por los conductos galactóforos.
La lactancia y la leche materna:
Durante el período de lactancia, cuando el bebé succiona los pechos de la madre, se produce una estimulación sobre los nervios del pezón, que envían la información a través de la columna vertebral, hasta la pituitaria, dónde se producen la prolactina y la oxitocina, hormonas productoras de la leche, que la liberan a través de los pezones.
La prolactina se encarga de estimular a los pechos para que produzcan más leche, y la oxitocina, fomenta las contracciones de los músculos que rodean los conductos de los pechos, apretándolos para que expulsen la leche materna, hacia las reservas ubicadas tras las aréolas.
Luego de transcurridos dos o tres días del parto, se produce la primera salida de leche, lo que provoca que los pechos se inflamen y tensen. Para aliviar esta molestia, lo ideal es amamantar al bebé, y entre las tomas, aplicar paños fríos o calientes, según la necesidad.
Cuando la lactancia se ha establecido, se dará una subida de la leche en cada toma, debido a la oxitocina. Esto produce un leve hormigueo al fluir la leche. En ocasiones puede salir un chorro fuerte, que provoque que el bebé se atragante.
Para estimular la subida de la leche es conveniente encontrar un lugar tranquilo para amamantar al bebé. Encontrar la posición más confortable para la madre. Beber abundante líquido. No consumir drogas (alcohol, cigarrillos, drogas duras, etc), que pueden interferir con la subida de la leche, y además, afectar directamente al bebé.
Las posturas para amamantar pueden ser variadas, y dependen principalmente de la comodidad de la madre y la facilidad que esta postura le brinde para su tarea. Las más usuales son: sentada en una silla cómoda dónde apoyar los brazos en posabrazos, en postura de balón de rugby, con las piernas del bebé debajo del brazo, o acostados de lado en la cama.
A su vez, cada niño tiene un estilo de mamar diferente, unos son más rápidos, otros más lentos, inquietos, juguetones, insaciables, pausados, etc.

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