Reflujo

El reflujo en los bebés

20 noviembre 2009

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La regurgitación en el lactante, luego de las comidas es considerada normal. La cantidad de leche que escapa varía, desde una pequeña cantidad, hasta el vómito copioso.

En algunos casos, la regurgitación del bebé es normal, pero en otros, no. La importancia del reflujo depende de la frecuencia y de la intensidad de dichas regurgitaciones, y de la sintomatología que acompaña a las mismas.

Un porcentaje cercano al 20% de los lactantes que presentan regurgitaciones, padece de reflujo gastroesofágico anormal.

El esófago, tiene en su parte inferior un sector más estrecho (esfínter esofágico inferior), que funciona como una válvula que permite el ingreso del alimento al estómago al abrirse, y que se cierra, luego de la ingesta, para impedir la salida del contenido del esófago. Parte del alimento como de los jugos gástricos, pueden escapar e incluso llegar a la boca, cuando esta válvula, no funciona adecuadamente.

Esta problemática es más visible en los lactantes, porque los líquidos tienden a subir más fácil que los sólidos.

Causas del reflujo:

Pueden existir diversas causas para que se origine el reflujo:

- En la mayoría de los casos es debido al mal funcionamiento del esfínter esofágico inferior.

- Porque el esófago no puede eliminar por completo, el líquido regurgitado.

- Debido a un aumento en la cantidad de jugos gástricos.

- También puede existir una cierta inmadurez, en el aparato digestivo del bebé. Este se corregiría naturalmente, alrededor de los seis meses de vida, por la incorporación de alimentos sólidos, el mantenimiento de una posición erguida por más tiempo, y que el esófago, comienza a crecer.

Síntomas de reflujo:

Hay pequeños que no experimentan regurgitaciones, pero padecen reflujo gastroesofágico. En estos casos, la sintomatología se manifiesta de otras formas, como las apneas (interrupción momentánea de la respiración), que pueden tener su origen en el reflujo (aunque pueden tener otros orígenes). En el caso de presentarse apnea, es necesario consultar al médico de inmediato, pues se considera un factor de riesgo de muerte súbita.

Es muy importante la detección precoz del reflujo gastroesofágico, para evitar los daños en las paredes sin revestimiento protector del esófago, que el reflujo ácido produciría.

Este problema se puede tratar en niños menores de seis meses, modificando la frecuencia de la dieta o la postura del bebé.

No es necesario llegar al vómito o las regurgitaciones, alcanza con que los jugos gástricos lleguen al esófago, para que se desencadenen los síntomas.

La sintomatología que los padres pueden percibir se manifiesta de alguno de estos modos:

- Gesticulación de incomodidad que el bebé realiza al sentir la quemazón que produce el ácido que sube por el esófago.
- Abundante producción de saliva, para neutralizar el ácido del esófago.
- El bebé despierta irritado sin motivo aparente.
- Rechazo del alimento (por asociación con el malestar que le provoca).
- Generalmente se presenta bronco espasmo reflejo.
- Dolores abdominales frecuentes.
- Rumiación, similar a que el niño tragara en seco.
- Halitosis.
- Alteraciones de conducta.

Diagnóstico:

Para diagnosticar los casos de reflujo gastroesofágico, debe descartarse una alteración anatómica en el esófago y el estómago.

El diagnóstico se realiza mediante un estudio radiológico, para lo cual, el bebé debe ingerir una sustancia de contraste, que se le administra con biberón, y que permite la correcta visualización.

Otro examen para el diagnóstico es la pHmetría monitoreada, que consiste en la introducción de una sonda a través del esófago, durante 24 horas. Este estudio permite medir el grado de acidez o alcalinidad del reflujo, su frecuencia, duración e intensidad de los episodios, sirviendo para determinar la patología o no, del reflujo.

En los niños que presentan apnea, se suele realizar conjuntamente con la pHmetría, una polisomnografía. Este examen es similar a un electroencefalograma y mide también el ritmo respiratorio. Ambos estudios se hacen con el paciente dormido.

Tratamiento en niños menores de seis meses:

Modificación de la frecuencia de la alimentación. Se le darán cantidades más pequeñas de alimento, pero con mayor frecuencia. A partir de los tres o cuatro meses, se puede espesar la leche que se le administra. En caso de que reciba leche materna, se puede extraer previamente, para espesarla antes de suministrársela.

Cambio en la postura del bebé, lo que nos permite protegerlo durante el sueño. El bebé dormirá boca arriba, en posición semi-sentada. Para lograrlo, elevamos el colchón, unos 30 o 40º en la cabecera. Pero, también elevaremos los pies apenas, para evitar el desplazamiento del bebé hacia abajo.

Es una buena medida, mantener al pequeño en posición erguida, durante un buen rato luego de las comidas, para que el aire se desplace a la parte alta del estómago y cuando eructe, no salga también la leche.

En los casos en que no se produce la mejoría con el tratamiento anteriormente descrito y pasados los seis meses, se puede recurrir a la medicación. La medicación sirve para reforzar la parte inferior del esófago y facilita el vaciado del estómago.

La cirugía se emplea en casos extremos de reflujo con apnea.

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