El cuidado de los bebés prematuros-
9 Noviembre 2009
Se considera bebé prematuro a aquel que nace antes de las 37 semanas de gestación. El porcentaje de nacimiento de estos bebés oscila entre el 8 y el 12%.
La inmadurez de estos bebés sumado a la falta de peso, presentan dificultades de adaptación al medio extrauterino; debido a que el mayor desarrollo del feto se realiza en las últimas ocho semanas del embarazo. Este período es crítico para la maduración de los órganos fetales, lo que garantiza la autonomía de la vida extrauterina del bebé.
Cuanto menor sea el peso y menos madurez presente el bebé, mayores serán los riesgos de padecer enfermedades. El sistema respiratorio, el nervioso, el aparato digestivo, el renal y el sistema inmunológico, además de la visión, pueden resultar comprometidos.
El sistema respiratorio es uno de los más sensibles y puede resultar muy afectado. Los pulmones del bebé no están listos para el intercambio de oxígeno que viaja hacia los tejidos, por insuficiente producción de sustancias surfactantes que impidan el colapso de los alvéolos pulmonares. Esta deficiencia se conoce como síndrome de membrana hialina y consiste en que el bebé no puede expandir sus pulmones por sí mismo. En estos casos, debe administrarse surfactante artificial y soporte respiratorio mecánico.
Un bebé prematuro tiene un aspecto físico característico, su cabeza es demasiado grande respecto de las extremidades, su piel es muy fina y brillante, donde se transparentan las venas y arterias superficiales. La masa muscular es pobre, las plantas de manos y pies, se presentan enrojecidas y con pocos surcos. Los genitales están poco desarrollados. En los varones, no están descendidos los testículos hacia el escroto, y en las niñas, los labios mayores no cubren a los menores.
El cuidado del bebé prematuro en el hogar:
Los primeros tiempos el bebé debe permanecer hospitalizado en incubadora, hasta que alcance el peso necesario para sobrevivir por sí mismo. La incubadora mantiene una temperatura constante de 30ºC y una humedad de 80-90%, para mantener condiciones similares a las del útero.
Para alimentar a un bebé prematuro, lo ideal es emplear leche materna, para que le aporte los anticuerpos necesarios que todavía no puede generar. Como el bebé no tiene la fuerza suficiente para succionar del pecho de la madre, se lo alimenta por medio de una sonda naso-gástrica, a la cual se acopla una jeringa conteniendo leche materna, que se extrae con saca-leche.
El bebé prematuro aumenta de peso más lentamente que un bebé nacido en condiciones normales. Pero más importante que el peso, es el tono muscular, el estado de alerta y la respuesta a los diferentes estímulos.
La compañía de los padres es un estímulo muy importante para estos bebés, pues los estimula sensorialmente (acariciarlo, hablarle, el olor).
El bebé estará en condiciones de ir a su hogar, cuando llegó al peso adecuado, no necesita la incubadora y puede alimentarse por sí mismo sin necesidad de la sonda.
En el hogar, las medidas higiénicas deben ser extremas. También se evitarán los cambios bruscos de temperatura, se vigilará la alimentación y el peso, y se evitará el contacto con mucha gente, pues pueden ser portadores de gérmenes que afecten al bebé.
Categorías : Desarrollo
Etiquetas : Bebés prematuros, El cuidado de los bebés prematuros



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