Control de la fiebre en niños
1 Julio 2009
La fiebre en niños no es realmente una enfermedad, sino una alarma ante otra problemática. El sistema inmunológico reacciona frente a las infecciones con cambios a nivel celular, los que provocan la desestabilización de la temperatura corporal. Las infecciones pueden ser de origen bacterial o viral. Pero también hay otras causas para el aumento de la temperatura, como quemaduras, insolaciones, etc.
La temperatura corporal se mantiene constante, debido a un equilibrio entre el calor producido y el calor perdido. Cuando tiene lugar la combustión de proteínas, lípidos e hidratos de carbono, se eleva la temperatura. En este proceso, también intervienen las hormonas hipofisarias y las tiroideas, y la actividad muscular.
Se considera que hay fiebre cuando la temperatura corporal supera los 38ºC. La mayoría de los virus y bacterias que ocasionan las infecciones humanas, proliferan a 37ºC, de modo que el cuerpo eleva su temperatura para combatirlas mejor. La fiebre activa al sistema inmunitario para que produzca más glóbulos blancos, anticuerpos y otros agentes dedicados a la lucha contra las infecciones.
Cuando la fiebre sobrepasa los 42ºC, puede ocasionar daños al cerebro, pero esto ocurre muy raramente. Una fiebre ocasionada por una infección, que no se trata, por lo general no supera los 40,5ºC , salvo que el bebé esté demasiado abrigado, o se encuentre en un sitio con la temperatura muy alta. Algunos niños pueden experimentar convulsiones febriles, pero son la minoría, y estas convulsiones desaparecen rápidamente.
Hay diversas causas para la fiebre en niños, además de virus y bacterias, como son: toxinas, enfermedades autoinmunitarias, cánceres, hipertiroidismo, etc. La insolación es un tipo de fiebre causado por una prolongada exposición al sol. El cuerpo no puede impedir que la temperatura continúe ascendiendo, por lo que es peligrosa.
Cómo combatir la fiebre en niños:
Ante la sospecha de fiebre en niños, lo primero que debemos hacer es comprobar la temperatura corporal. Hay tres maneras de tomar la temperatura a un niño: bucal, axilar y rectal, cada una de ellas con ventajas y desventajas. Cada forma requiere un tiempo diferente: 1 minuto en la bucal, 1-2 minutos en la rectal, y 5 minutos en la axilar.
Hay que tener en cuenta que cuando se hacen esfuerzos, la temperatura varía, por tanto en ese caso, es conveniente aguardar media hora en reposo para tomarla. Otro factor de incidencia en la toma de temperatura es la hora del día en que se realiza, por la tarde, será 2-3 décimas más alta que por la mañana. En los lactantes es normal que tengan unas décimas más de lo normal.
Para bajar la temperatura corporal es conveniente no abrigar demasiado al niño, y podría tomar un baño de agua tibia para perder temperatura, también pueden aplicarse compresas de agua tibia, ya que el agua fría cierra los poros por vasoconstricción, disminuyendo la pérdida de calor.
Cuando el niño tiene fiebre, está rojo y congestionado, debido a la vaso dilatación cutánea, que activa la circulación de la sangre a nivel local, presenta sudoración y su frecuencia respiratoria es más rápida de lo habitual, de esta manera, el cuerpo logra liberar el calor.
El hipotálamo es responsable del funcionamiento de los mecanismos reguladores de la temperatura corporal, de estimularlos o inhibirlos. Cuando la temperatura se eleva independiente de la función hipotalámica, estamos en presencia de la fiebre.
Debe consultarse con el pediatra en caso de que el niño tenga fiebre que supere más de 1ºC, su temperatura habitual.

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